La emergencia invernal en Córdoba 2026 revela fallas en la gestión de riesgos ESG, participación comunitaria y planificación climática en infraestructura crítica.
Febrero de 2026, Córdoba, Colombia. Más de 120.000 personas desplazadas. Doce municipios bajo el agua. El 80% de un departamento en emergencia. Los titulares hablan de «desastre natural», de lluvias atípicas, de un embalse desbordado. Pero detrás de cada cifra hay una pregunta incómoda que el sector debería estar haciéndose: ¿cuánto de esto era realmente imprevisible?
La respuesta, desde lo técnico, es compleja e inquietante. Porque lo que está ocurriendo en Córdoba no es solo el resultado de frentes fríos intensificados o de un febrero anormalmente lluvioso. Es la materialización de fallas estructurales en la gestión del riesgo, en la planificación de la acción climática y en algo que muchas veces se reduce a un checkbox en los informes: la participación efectiva de las comunidades.
¿Fue realmente imprevisible la emergencia invernal en Córdoba 2026?
Cuando "imprevisible" es una excusa técnica
Toda infraestructura crítica (y una hidroeléctrica en la cuenca del río Sinú lo es) opera bajo una premisa fundamental: debe estar diseñada, gestionada y monitoreada considerando diferentes escenarios extremos. No escenarios promedio, la planificación en acción climática es una necesidad.
El Marco de Sendai (ONU) para la Reducción del Riesgo de Desastres, adoptado por Colombia en 2015, es claro en esto. Los operadores de infraestructura estratégica tienen la obligación de garantizar sistemas de alerta temprana multicapa, comunicación territorializada y acciones preventivas coordinadas. Son estándares vinculantes.
Lo que falló en Córdoba no fue la capacidad de predecir el clima, sino la capacidad de anticipar, comunicar y actuar sobre riesgos aguas abajo cuando las señales técnicas ya estaban presentes. Las descargas extraordinarias del embalse no ocurren de un día para otro. Los aumentos súbitos en aportes hídricos se monitorean en tiempo real. La pregunta entonces es: ¿dónde quedaron los planes de contingencia? ¿Dónde estuvieron las evacuaciones preventivas? ¿Por qué las alertas no llegaron a tiempo a quienes más las necesitaban?
Participación comunitaria en infraestructura: una variable técnica ignorada
El costo humano de ignorar el contexto social
Aquí es donde la conversación se vuelve todavía más incómoda. Porque esta emergencia invernal en Córdoba 2026 no afecta a todos por igual. Las comunidades indígenas, las poblaciones ribereñas, los campesinos aguas abajo del Sinú han estado expuestos históricamente a vulnerabilidades que nunca fueron corregidas. Y cuando hablamos de vulnerabilidades, no estamos hablando solo de condiciones geográficas. Hablamos de exclusión sistemática en la toma de decisiones y en la participación dentro de ese sistema.
Convenio 169 de la OIT y estándares internacionales
El Convenio 169 de la OIT establece que los pueblos indígenas tienen derecho a participar de manera efectiva en las decisiones que los afectan. No como consulta ligera, sino con participación real, informada, con capacidad de incidir. Y cuando esa participación no ocurre (o peor, cuando las voces que advierten son silenciadas) el resultado no es solo una falla ética. Es una deficiencia técnica grave, y no es solo de una entidad, empresa o gobierno. Es una falla transversal del estado como garante de derechos.
Conocimiento territorial como dato técnico
La historia de Kimy Pernía Domicó, líder Embera Katío que advirtió sobre los riesgos socioambientales del proyecto URRÁ I antes de ser desaparecido y asesinado en 2001, no debería ser solo una nota al pie trágica. Debería ser un recordatorio inminente de lo que pasa cuando el conocimiento territorial (ese que viene de generaciones observando el río, entendiendo sus ciclos, leyendo sus señales) no es tratado como el dato técnico que realmente es. Porque eso es lo que era: una variable crítica que debió integrarse en los modelos de riesgo. Y no lo fue.
Gestión de riesgos ESG en infraestructura crítica: ¿qué falló?
Las brechas que se vuelven inundaciones
Cuando analizamos esta crisis desde los estándares internacionales de debida diligencia socioambiental (esos que guían proyectos de infraestructura en todo el mundo) las brechas son evidentes:
En gestión operativa: La imprevisibilidad climática no exime de responsabilidad cuando existen herramientas, protocolos y señales previas que permiten activar medidas preventivas. Un embalse al límite de su capacidad en diciembre y enero no es un secreto técnico. Es información que debió traducirse en acciones concretas aguas abajo.
Sistemas de alerta temprana y gobernanza operativa
La comunicación del riesgo: Emitir comunicados institucionales o alertas virtuales no es suficiente cuando las poblaciones afectadas viven en zonas con acceso limitado a internet, o cuando el lenguaje técnico no se traduce a instrucciones claras y accionables. La comunicación efectiva es territorial, articulada y multiactor.
Prevención estructural y planificación climática
En prevención estructural: La atención humanitaria posterior (indispensable, urgente) no sustituye la obligación de haber reducido el riesgo desde el diseño y la operación. Las zonas inundables ocupadas, los humedales desecados, los cauces modificados: todo esto suma. Y todo esto era conocido.
Comunicación territorial del riesgo
En participación comunitaria: Excluir a las comunidades locales de las decisiones que afectan su seguridad no solo viola derechos humanos. Reduce drásticamente la capacidad de los sistemas para anticipar amenazas y responder de manera efectiva. El conocimiento local no es anecdótico. Es evidencia empírica acumulada.
Infraestructura crítica y gestión del riesgo en Colombia: lecciones estructurales
Lo que el agua nos está diciendo
Esta emergencia es, en el fondo, un espejo. Refleja cómo el sector de infraestructura crítica en Colombia (y en muchos otros lugares) sigue gestionando el riesgo como si el clima fuera estático, como si las comunidades fueran variables pasivas y como si los estándares internacionales fueran aspiracionales en lugar de requisitos mínimos de gestión y acción climática.
El cambio climático ya no es un escenario futuro. Es la realidad operativa. Los frentes fríos intensificados, las lluvias en épocas atípicas, los eventos extremos más frecuentes: esto es lo nuevo “normal”. Y la infraestructura que no se adapte (en diseño, en gestión, en gobernanza) va a seguir fallando. Con costos humanos, económicos y ecosistémicos cada vez más altos y fragmentados.
Pero hay algo más profundo aquí. Esta crisis también evidencia que la sostenibilidad no es un departamento separado de las operaciones ni un ejercicio de reporte desconectado de la realidad operativa. Es, literalmente, la capacidad de un sistema para mantenerse en el tiempo sin colapsar. Y cuando no es visible una debida diligencia socioambiental, unos sistemas de alerta robustos, y una participación comunitaria real, lo que obtienes no es eficiencia, es riesgo escalable.
Reconstruir desde lo estructural
Miles de familias en Córdoba lo han perdido todo. Necesitan alimentos, agua potable, refugio, atención médica. La solidaridad es urgente y necesaria, organizaciones como la Cruz Roja Colombiana y la Alcaldía de Montería están canalizando ayuda humanitaria, y cada aporte cuenta.
Pero mientras respondemos a la emergencia inmediata, el sector tiene una obligación paralela: entender qué falló y corregirlo estructuralmente. Porque esta no es la primera vez que Córdoba enfrenta inundaciones. En 2010 ya habíamos visto la fuerza del agua. Y probablemente no será la última, a menos que cambiemos cómo gestionamos el riesgo de manera multinivel.
Ordenar el territorio es ordenar el agua
Colombia es un país tropical. Eso significa abundancia hídrica, pero también alta exposición a eventos extremos intensificados por el cambio climático. Las lluvias no son una anomalía: son parte de nuestra condición natural. Lo que sí puede y debe cambiar es la forma en que ocupamos y planificamos el territorio.
Los Planes de Ordenamiento Territorial no pueden seguir viendo los humedales, ciénagas y zonas de inundación como “áreas disponibles” para expansión urbana o productiva. Son infraestructuras naturales de regulación hídrica. Absorben, amortiguan, almacenan y liberan agua cuando el sistema lo necesita. Cuando los desecamos o transformamos, no eliminamos el riesgo: lo desplazamos y lo amplificamos.
Reconstruir implica entonces respetar esos espacios y fortalecer su conservación. Implica que las autoridades integren escenarios climáticos extremos en el ordenamiento del suelo. Pero también implica algo más cotidiano: que como ciudadanos entendamos que ocupar una ronda hídrica, rellenar un humedal o cambiar el uso del suelo tiene consecuencias colectivas.
Al final, proteger estos ecosistemas no es un gesto ambiental aislado. Es una decisión económica y social. Son esos espacios los que, bien gestionados, reducen el riesgo de que las actividades productivas, agrícolas y urbanas colapsen ante cada temporada de lluvias. Ordenar el territorio es, en el fondo, proteger la vida y la economía que dependen de él.
Vulnerabilidad social y cambio climático en Córdoba
Esto implica reformar los sistemas de alerta temprana. Implica integrar escenarios climáticos extremos en la planificación y operación de infraestructura. Implica garantizar que la participación de comunidades indígenas y ribereñas no sea un trámite, sino un componente técnico esencial, implica transparencia operativa, implica asumir que la debida diligencia socioambiental no es burocracia, sino protección de vidas.
Porque al final, la gestión responsable del riesgo no se mide en informes. Se mide en cuántas personas pudieron evacuar a tiempo, en cuántas familias no perdieron sus hogares porque alguien anticipó el peligro. En cuántas comunidades fueron escuchadas antes de que el agua llegara y se llevara todo.
La pregunta que Córdoba, Colombia, nos deja no es si podemos predecir el clima. Es si estamos dispuestos, como sector, a gestionar infraestructura crítica con la seriedad, la rigurosidad y el respeto por la vida y el territorio.
Más allá de la emergencia: reconstruir desde la gestión estructural del riesgo
Para apoyar la respuesta humanitaria inmediata para la emergencia invernal en Córdoba 2026:
- Cruz Roja Colombiana: https://ayuda.cruzrojacolombiana.org/Con-toda-por-los-damnificados
- Alcaldía de Montería – Donaciones Emergencia Invernal 2026: Cuenta de Ahorros No. 438054678 | Banco de Bogotá.
La emergencia invernal en Córdoba 2026 no es solo un evento climático, es un punto de inflexión en cómo gestionamos el riesgo estructural en el país.
María Alejandra Daza | Isabela Izquierdo


